"El Túnel de los Recuerdos"

"La Bruzzo", esa actriz del carajo ¡Hola Alicia! Por Osvaldo Guidi

A las estrellas huecas suele llamárselas por el nombre. Como si fueran reinas de un imperio imaginario. Como si fueran vecinas de la infancia. O maestras en el arte de no enseñar nada. A ella no. Ella era "la Bruzzo", porque su apellido -tan rotundo, fuerte y tano como ella- la representaba. Porque Alicia fue una diva arriba de los escenarios, pero una mujer de carne y hueso (bien humana) debajo.


Eligió con precisión cada paso de su carrera y convirtió cada hecho artístico que le tocó transitar en una excusa para brillar. Así, sin tapujos ni prejuicios se destacó por igual en unitarios, telenovelas, clásicos del teatro universal y en el cine. Su talento no tenía límites, y ella lo sabía. Sin embargo, lejos de atragantarse con grandes bocanadas del más puro ego, Alicia era una persona humilde. Risueña. Inteligente.

Así la recuerdan quienes tuvieron el placer de cruzarse con ella. "Era una mujer con una gran energía y un desarrolladísimo sentido del humor. Su risa era libre y muy contagiosa", recuerda Stella Maris Closas, su compañera de Mamá Linda, el programa televisivo de 1979. "Con el tiempo –aclara- nos fuimos haciendo muy compinches. Además de talentosa era muy generosa y solidaria", rememora.

La gran atención del público le llegó con el papel de Luisa, en la telenovela El Rafa. Esa sensual viuda de cabellos ondulantes y voz grave no sólo enamoró a Rafa (Alberto de Mendoza) y su hijo Cholo (Carlos Calvo), sino que terminó escandalizando al mismísimo gobierno militar. Tal vez ese haya sido uno de los picos de su carrera. Pero ni siquiera en esos momentos en los que era joven, elogiada y deseada se permitió perder la cabeza. "Fue muy placentero trabajar con Alicia. Era un ser muy querible. En esos tiempos teníamos charlas muy profundas y, también, a partir de una anécdota muy pequeña podíamos crear historias tan graciosas que terminábamos muertas de risa", recuerda Virginia Faiad, su compañera y rescata, por sobre todas las cosas, "la sencillez" de la Bruzzo.

Dentro de su carrera televisiva otro de los grandes hitos fue la telenovela Pobre Clara, que protagonizó junto a Germán Kraus. "Trabajando en esa tira nos conocimos. Eran mis comienzos y me sentía muy nerviosa. Para que ganara confianza ella me dijo una frase que siempre voy a recordar: 'Vos y yo nos parecemos: somos dos morochas fuertes e interesantes. Y además, nena, sos muy buena actriz''. Ella diciéndome eso a mí. Fue realmente conmovedor", recuerda emocionada Patricia Rozas.

En esa misma telenovela, la Bruzzo trabajó con Cristina Allende. "Nos vimos todos los días durante un año. La recuerdo como una mujer muy trabajadora, muy buena persona. Hacía un estricto régimen porque tenía tendencia a engordar, a pesar de que tenía una cinturita... Se cuidaba mucho. Me acuerdo que ella comía una zanahoria y un huevo duro. Y después a la tarde, una manzana. Entonces nos echaba del camarín porque nosotros comíamos de todo y ella no quería tentarse", recuerda la actriz con una enorme sonrisa.

"Trabajar con ella era una delicia. Nunca la ibas a ver enojada. Hay muchos actores maravillosos que han muerto y que mejor no hablar de ellos como seres humanos. En cambio ella, era además una gran persona", evoca Allende.

Bruzzo alguna vez confesó que en su momento de esplendor no era conciente de su belleza. Mucho tiempo después, cuando la ingesta de propóleos en mal estado hizo estragos en su cuerpo, comenzó varios tratamientos para recuperar su figura. Pero no le resultaba fácil.

"Mi contacto con Alicia siempre fue por trabajo y por algo que nos emparentaba: la obesidad. Sin embargo, no éramos parecidas; ella no soportaba estar gorda. Un día, en una reunión de grupo en la Clínica del doctor Cormillot me dijo: 'Che, Giunta, si tenés tanta autoestima, ¿qué estás haciendo acá?'. Teníamos carácter fuerte y nos sacábamos chispas, pero nunca la sangre llegó al río. Después, cuando nos tocó filmar De mi barrio con amor, fue un placer. Ella a veces desaparecía y la encontrábamos comiendo un sándwich de milanesa en el bar de la esquina. Siempre la consideré una de las mejores y más bellas actrices argentinas”, cuenta Ana María Giunta, otra de sus grandes compañeras.

Su impronta, la manera en que manejaba su cuerpo, las inflexiones de su voz y todo lo que era capaz de hacer sobre un escenario hicieron que muchas actrices jóvenes vieran en ella a un referente. "Cuando la vi por primera vez en teatro, en Yo amo a Shirley, me quedé muda por un buen rato. Fui sola y ahí sentada me dije: '¡Esto es lo mejor que vi en mi vida!’'. Un buen día, me convocaron para hacer de su hija en Alta Comedia y luego me enteré de que ella me había pedido. Fue tocar el cielo con las manos", asegura Adriana Salonia.

Además del teatro y de la televisión, la Bruzzo brilló en el cine. Su interpretación de una madre alcohólica y siempre al borde del incesto en Pasajeros de una pesadilla fue quizá uno de sus mayores logros. En esa película un jovencísimo Gabriel Lenn tuvo el honor de compartir el set con ella. Hoy la recuerda como "una síntesis de profesionalismo, intensidad y magnitud", capaz de llevar "a ese plano a sus compañeros", porque "sin que importaran las ideas o la edad que uno tuviera, ella te potenciaba". Lenn pudo también disfrutar de su compañía en varios programas de TV, además de haber compartido viajes de promoción y festivales. "Era una gran compañera y una maestra", sintetiza.

Cuando el cuerpo comenzó a resultarle un escollo, encontró en la pintura digital un buen vehículo para canalizar su creatividad. "La última vez que la vi fue en la presentación de sus bellísimos cuadros. Estaba feliz, con su amada hija Manuela y, como siempre, optimista", evoca Patricia Rozas, quien con el tiempo se convirtió en una de sus grandes amigas.

Esta inmensa mujer parece haber dejado un espacio vacío no solo a nivel artístico, sino en la vida de quienes aprendieron a quererla. "La adoraré por el resto de mi vida. Seguro que en algún lugar del universo necesitaban una gran maestra y se la llevaron, demasiado temprano", reflexiona Silvina Rada.

Alicia Bruzzo nació el 27 de septiembre de 1955 en el porteñísimo barrio de Parque Patricios. Hoy cumpliría 65 años. Vaya, entonces este homenaje de sus compañeros, esos que disfrutaron de la diva y de la mujer -amiga- por igual.

1 comentario:

Nuestros dijo...

Esa nota fue publicada de NuestrosActores.com.ar No la escribió Guidi y es una falta de respeto que la suban así, por los autores y por los actores que dieron testimonio. No sé de quién es este blog, pero les pedimos por favor que aclaren el malentendido.
www.nuestrosactores.com.ar/index.php/component/article/1426
Muchas gracias

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